Los silos aparecen cuando cada zona se evalúa por su propio resultado y no por el de la delegación.
No es incompetencia ni mala fe. Los Gerentes de Ventas suelen ser profesionales sobresalientes, que conocen sus tiendas como nadie.
El problema es de incentivos y de miedo territorial. Si cada Gerente de Ventas se mide por su zona y por su puesto en el ranking, compartir con la zona vecina se convierte en un riesgo.
Cuando la mercancía de una promoción no alcanza, un Gerente de Ventas se mueve rápido con almacén y la asegura para sus tiendas. Su zona cumple. La zona de al lado se queda con el lineal vacío, y en el informe solo se ve quién ha vendido más.
Se premia la parcela. Y al premiar la parcela, cada uno aprende que su primera obligación es proteger a sus tiendas y sus números.
El espejismo de salvar solo tu departamento
Maximizar el resultado de una parte aislada seca la rentabilidad del conjunto si no hay sincronización entre las partes.
Eliyahu Goldratt lo mostró en la gestión de organizaciones: que cada área intente salvar su propio número nunca salva a la empresa en su conjunto. Al contrario, suele ser la forma más rápida de bloquearla.
Preparación se mide por pedidos preparados a tiempo. Para cumplir, sirve a cada tienda en palés completos, aunque la tienda no tenga manos para reponerlos a tiempo. El palé de fresco se queda demasiado tiempo esperando en la tienda sin reponer. Esa misma semana, Auditoría Interna señala que se ha roto la cadena de frío.
En la revisión de resultados, almacén presenta sus tiempos impecables y la tienda justifica la rotura de la cadena de frío. La delegación, en conjunto, ha perdido. Nadie ve el todo. Cada uno mira su propio marcador y celebra su victoria mientras el margen de la empresa se seca.
Retener información para sobrevivir
Cuando las zonas no confían entre sí, la información se dosifica para proteger el propio resultado y esquivar la rendición de cuentas compartida.
Quien conoce la rotación real de sus tiendas, sus mermas o lo que de verdad cabe en el almacén, controla el ritmo de cualquier conversación. Por eso los datos llegan en el último minuto y en formatos que hacen imposible cruzarlos.
El Jefe de Ventas sabe que una tienda ha cambiado de clientela, pero no lo cuenta hasta que se lo piden. Y el informe de Auditoría Interna llega arriba antes de que el Gerente de Tienda haya podido hablar de él.
La desconfianza no se manifiesta con gritos. Se manifiesta con opacidad cortés y tensiones no nombradas que erosionan el negocio en silencio.